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jueves, 30 de octubre de 2014

¿Estamos violando los derechos humanos de los pobres del mundo?

Cada uno de nosotros debe hacer lo suficiente para proteger a los pobres del mundo de manera que tengamos la seguridad de que estamos compensando por completo la propia parte del déficit de derechos humanos que causamos en conjunto
Así acaba un breve (90 páginas), barato, y maravilloso librito escrito por Thomas Pogge y publicado por la Editorial Proteus de Barcelona en su colección Repensar en 2013.

En esta entrada destacaré algunas de las afirmaciones de Pogge que encuentro interesantes y que espero que os motive a comprarlo.
Thomas Pogge es profesor en las universidades de Yale, Australia, Lancashire y miembro de la Academia de Ciencia noruega. Visitad su página www.healthimpactfund.org

Este 'panfleto' empieza con una introducción de Angel Puyol en la que nos pregunta: ¿Qué obligaciones tenemos los que no somos pobres no solo para paliar la pobreza en el mundo, sino también para eliminarla? A partir de aquí nos señala que la propuesta de Thomas Pogge, uno de los filósofos más activos y comprometidos de la actualidad, quiere superar el enfoque tradicional para volver más exigentes las obligaciones morales de los ricos globales hacia los pobres globales. Y lo hace desde la perspectiva del liberalismo, algo inusual si se tiene en cuenta que de lo que se trata es de que los ricos se comprometan a mejorar las condiciones de vida de los pobres por razones de justicia y no meramente caritativas o humanitarias... destacando que no hay libertad sin responsabilidad.

Pogge sostiene, según Puyol, que muchas de las calamidades y precariedades que sufren los habitantes de los países más pobres del mundo han sido provocadas, directa o indirectamente, en el presente o en el pasado, por la intervención de los países más ricos y poderosos, de manera que ahora estos no pueden eludir su responsabilidad en repararlas. Nos cita como los casos de Cuba y el estado indio de Kerala, con unos índices de salud de la población muy buenos a pesar de ser países pobres, demuestran que existe una gran responsabilidad de los dirigentes de un país en la desigualdad de salud. Puyol finaliza su presentación afirmando que las víctimas de la injusticia son nuestros iguales, y aquí reside la principal fuerza categórica del cosmopolitismo.

Entrando ya en el escrito de Pogge, éste argumenta que una violación de los derechos humanos entraña el incumplimiento de los mismos y destaca que esta concepción de la violación de los derechos humanos no solo incluye violaciones interaccionales (perpetradas directamente por agentes humanos) sino también violaciones institucionales (causadas por agentes humanos mediante la imposición de arreglos institucionales)...

La conclusión es que existe un régimen institucional supranacional que, de forma previsible y evitable, produce déficits masivos de derechos humanos. Nosotros, al ayudar a imponer este esquema institucional, estamos efectivamente violando los derechos humanos de los pobres del mundo...  Con 'nosotros' quiero decir ciudadanos de los países desarrollados (por ejemplo, los EEUU, la UE, Japón, Canadá, Australia y Nueva Zelanda), ciudadanos que tienen suficiente madurez mental, educación y oportunidades políticas como para cargar con parte de la responsabilidad por la política exterior de su gobierno y por su papel en el diseño e imposición de arreglos institucionales supranacionales. Esta definición da por sentado que los ciudadanos de cada uno de los países incluidos comparten una responsabilidad colectiva por lo que hace su gobierno en su nombre.

Se incumple un derecho humano particular de una persona particular cuando esta persona carece de un acceso seguro al objeto de este derecho humano.

En nuestro mundo se da con toda seguridad que, cuando unos seres humanos no tienen acceso a un nivel de vida mínimamente adecuado, generalmente hay otros agentes humanos que plausiblemente podemos considerar que tienen la obligación de ayudar a garantizar el acceso seguro a dicho nivel de vida.

¿Cuáles son, entonces, los deberes correlativos a un derecho humano y, más concretamente, los deberes correlativos al derecho a un nivel de vida mínimamente adecuado? Un buen paso para responder esta pregunta implica el examen de la tríada 'respetar, proteger y realizar' que se ha convertido en un elemento básico del pensamiento sobre la acción internacional en este área. Esta tríada se remonta al libro pionero de Henry Shue, Basic Rights, en el que se sostiene que cada derecho básico da lugar a tres deberes correlativos distintos:
- No privar de recursos  - Proteger las privaciones   - Ayudar a los desfavorecidos 

Los derechos humanos no solo son parte del derecho, sino que también son una norma moral que todo derecho debe cumplir, norma que aún no se ha cumplido en la legislación vigente de muchos países.

A la pregunta que da título al libro y a esta entrada del blog, la respuesta es que sí. Existe un régimen institucional supranacional que de forma previsible produce déficits de derechos humanos masivos y razonablemente evitables. Al ayudar a imponer este esquema institucional severamente injusto, estamos violando los derechos humanos de los pobres del mundo...

La cuestión no es si el déficit global de los derechos humanos se ha reducido y en qué medida, sino más bien si el diseño de arreglos institucionales supranacionales que imponemos contribuye al déficit persistente de derechos humanos y en qué medida lo hace.

Pogge nos muestra en una tabla como el 5% más favorecido en la distribución global de ingresos ha ganado con la globalización mientras que el 80% más pobre ha perdido. Rematando con una frase que dice: Esta brecha de pobreza global se hubiese podido cubrir al menos dos veces, solo con las ganancias de la veinteava parte más rica del mundo...

Leyendo a Pogge se puede afirmar que la globalización ha supuesto un proceso antidemocrático y a favor de los ricos, que al no haber instituciones democráticas mundiales, ha excluido a la gran mayoría de los seres humanos que no tienen manera de influir en la toma de decisiones, mientras que mejora los poderes reguladores de una minoría de ricos y poderosos que nos manipularon para mostrarnos solo la cara dulce de la globalización.

Es triste leer: Nos sentimos muy orgullosos de nuestra ayuda, jactándonos, por ejemplo, de los miles de millones que gastamos anualmente en ayuda a los países pobres. Sin embargo, ignoramos las cantidades mucho más grandes que extraemos de los pobres sin compensarlos. Lo demuestra con ejemplos: la compra de recursos naturales a gobernantes corruptos por parte de los países ricos, los préstamos con condiciones abusivas que la población tiene que pagar a los bancos de los países ricos, la malversación de fondos por parte de funcionarios de países menos desarrollados, la evasión fiscal, la contaminación mundial, ...

Pogge descubre la trampa: Los países ricos han creado un régimen de comercio global que se supone que genera grandes beneficios colectivos a través de mercados libres y abiertos. El régimen está amañado; permite a los estados ricos seguir protegiendo sus mercados mediante aranceles y derechos antidumping y ganar mayores cuotas del mercado mundial a través de créditos a la exportación y a las subvenciones que los países pobres no pueden permitirse igualar.

¿QUÉ DEBERÍAMOS HACER?

Desarrollar reformas institucionales que reduzcan estos obstáculos.... Ver el problema de la pobreza mundial no como una preocupación propia del especialista que está al margen de la gran política, sino como una consideración importante en todas las decisiones relacionadas con el diseño institucional.
De esta manera, los principales gobiernos del mundo podrían incorporar el imperativo de evitar la pobreza. Pero es poco probable que los gobiernos occidentales hagan esto a menos que exista una reclamación al respecto o al menos su aprobación por parte de los votantes. Por ahora, sucede todo lo contrario.

CONCLUSIÓN

Las actitudes de los ciudadanos tienen mucha importancia. Si los ciudadanos de los estados occidentales se preocupasen por evitar la pobreza, también lo harían sus representantes políticos...
Los ciudadanos pueden compensar su parte del daño por el que su país es responsable apoyando, por ejemplo, organismos internacionales eficaces u organizaciones no gubernamentales.