REFUGEES WELCOME TO CATALONIA: A PRACTICAL GUIDE

lunes, 6 de junio de 2016

¿Por qué la UE no crea el Centro Europeo de Búsqueda de Niños Refugiados Desaparecidos?

Hace unas semanas hablando con una voluntaria de la ong ProActiva OpenArms me comentó que cuando estaba salvando refugiados que llegaban a Lesbos, sacaban primero a las madres y después a los niños para evitar que cuando daban el bebé a alguien desconocido entre la muchedumbre de personas en la playa, el bebé pudiese desaparecer.
Hoy os presento un artículo de la periodista Ruth Toledano publicado en eldiario.es sobre la sangriente problemática de las personas refugiadas y de los niños refugiados desaparecidos.
La ONU asegura que 700 niños piden refugio en Europa cada día. Setecientos niños. En solo una semana la cifra se acerca a 5.000, equivalente al alumnado de varios colegios. Cuando Unicef publicó estos cálculos, en noviembre de 2015, pidió “medidas urgentes” para ayudar a este grupo especialmente vulnerable. Se alertaba de que los bebés y los más pequeños podían morir por las bajas temperaturas del invierno europeo. Se recordaba que hay niños con discapacidades, que necesitan cuidados particulares. Se pedía con énfasis que no se separara a los menores de edad de sus acompañantes.
Seis meses después, Unicef vuelve a hacer un llamamiento desesperado para pedir exactamente lo mismo: medidas de protección para los niños migrantes y refugiados, muchos de los cuales llegan solos a Europa. Seis meses después, la palabra que acompaña esa petición vuelve a ser la misma: “urgente”. Una palabra que sigue transmitiendo idéntica prisa frustrada. De entonces acá las cosas han ido a peor, por difícil que fuera imaginarlo. Si era inaceptable no atender al daño físico y psicológico que la guerra, la violencia y la huida en soledad había provocado en esos niños, resulta insoportable que pasen los meses sin que Europa entera esté a la búsqueda de los miles que han desaparecido sin dejar rastro dentro de sus fronteras. Alrededor de 10.000 según Unicef.
En todos este tiempo no se ha creado ningún Centro Europeo Contra la Trata y Explotación de Niños Refugiados, ni el Centro Europeo de Búsqueda de Niños Refugiados Desaparecidos. Sin embargo, esta semana nos hemos enterado de que la UE ha desplegado agentes antiterroristas en las zonas de llegada y confinamiento de refugiados. Nos lo ha contado el máximo responsable de la lucha contra el yihadismo en Europa, el coronel español Manuel Navarrete, que lleva cuatro meses controlando las fronteras a la busca y captura de terroristas entre los refugiados. Dirige el Centro Europeo Contra el Terrorismo, que se creó en enero de 2016 con ese objetivo.
La función policial que están ejerciendo este coronel y los suyos no solo estigmatiza a todo el colectivo de personas desesperadas que vienen precisamente huyendo del terror, sino que además destina a una tarea cuya eficacia es cuestionable (y, por tanto, servidora de intereses que poco tienen que ver con la seguridad de Europa) unos recursos humanos y económicos necesarios para lo imprescindible y urgente: buscar a los niños desaparecidos. Ahora. Ya. Tendría que haber miles de agentes peinando Europa en esa búsqueda. No hacerlo supone una miseria moral a la que no podremos sobrevivir: Europa será aplastada por el peso de esa culpa infame. Quién podrá extrañarse si los niños que logren escapar de los horribles abusos denunciados traen consigo un rencor que explique la sed de venganza. La seguridad, como la salud, se previene y se forja.
Esos niños, niñas y adolescentes vienen desde Siria, Afganistán o Irak. Son las víctimas más dolorosas de esas guerras. Muchos están atrapados en Grecia: de los 22.000 niños bloqueados allí, el 10% no va acompañado de un adulto. Son 2.200 niños solos, cuya mayor fortuna es no haber muerto ahogados en el Mediterráneo, como los 1.000 que han acabado así. Muchos otros miles, de los que han conseguido salir de allí, han caído en unas manos horrendas a las que habría que perseguir sin descanso. Y no se está haciendo. Y no es algo que suceda solo en Eslovenia o en Suecia (¡en Suecia!) sino también en España. Cruz Roja Contra la Trata o la Fundación Amaranta denuncian que aquí se ha perdido el rastro de 100 niños. Dicen, literalmente, que han sido “robados” y que están en su mayoría en manos de mafias de la prostitución. Rosa Flores, de Cruz Roja, cuenta que los encuentran en pisos-guardería de tráfico humano y que incluso acaban en casas de pederastas. Ser niña representa el colmo de la vulnerabilidad. Unicef insiste en que el riesgo de las niñas refugiadas solas es extremo.
¿Por qué no se está luchando con todos los medios disponibles a favor de estos niños, niñas y adolescentes? No lo sabemos. No hay respuesta. No hay noticias. No hay esperanza para ellos. No habrá paz. No habrá Centro Europeo Contra el Terrorismo que valga.