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lunes, 4 de julio de 2011

Un ‘movimiento’ global

Amnistia Internacional: un movimiento global.
Con motivo de su 50 aniversario iremos publicando artículos del blog de AI durante el verano.
Si se recurre a las grandes cifras de las que se suele echar mano para definirla: “la organización de defensa de los derechos humanos más grande del mundo…”, “…3 millones de miembros y simpatizantes en 150 países…”, “…más de 400 personas de 66 nacionalidades diferentes trabajan en su oficina central en Londres…, “…recibió el Premio Nobel de la Paz en 1977…”…en 50 años ha publicado 17.000 informes y documentos sobre derechos humanos…”,”…su Informe Anual se publica en 25 lenguas distintas…”, etc, etc.
Podría dar más datos –lo haré más adelante, ya que algunos son francamente curiosos- pero ahora quiero volver al objetivo inicial de este post e intentar explicar qué es Amnistía Internacional.

Por lo pronto, me parece importante señalar que muchos activistas de Amnistía Internacional se refieren a ella de puertas adentro como “El Movimiento”. Esta expresión puede resultar inquietante –a mí me lo pareció la primera vez que la escuché- porque su rotundidad sugiere que no caben más “movimientos” en el mundo. En mi caso tuve la sensación de que ese “movimiento” era un ente inescrutable y lejano que reclamaría durísimas pruebas iniciáticas para ingresar. Luego descubrí que la expresión, que todo el mundo manejaba con bastante naturalidad por otra parte, tenía al menos una razón de ser basada en el origen de la organización, y nada abstracta por cierto: Amnistía Internacional había nacido efectivamente de un “movimiento” de indignación absolutamente espontáneo en respuesta a un artículo -surgido también de la más pura indignación- escrito por el abogado británico Peter Benenson. Ese movimiento inicial se fue extendiendo de una persona a otra hasta disponer de una masa crítica suficiente como para constituirse en una entidad ya más estructurada, poco tiempo después. Han pasado 50 años, y Amnistía Internacional mantiene ese espíritu de movimiento de indignación, abierto, voluntario, espontáneo y horizontal.

Horizontal… Otra característica muy propia del “movimiento”, que efectivamente se nutre de personas, en su mayoría voluntarias, que son además las que ocupan los cargos de máxima responsabilidad en la organización. Siempre me ha sorprendido –gratamente, tengo que confesar- el desconocimiento que tienen muchos activistas sobre quienes ostentan cargos en el Comité Ejecutivo Internacional, el máximo órgano ejecutivo de AI. ¿Cómo se llama el presidente de AI? Muchos miembros lo desconocen, y no porque el dato se oculte por una extraña razón, sino porque sencillamente no es relevante. Amnistía Internacional no es una organización personalista ni jerárquica, nunca lo ha sido. No encaja con su esencia, sin más.
Pero volvamos al título de este post. “Movimiento global”… Desde sus orígenes, Amnistía Internacional tuvo una gran vocación internacional. El abogado Benenson, fundador de AI, miraba más allá de las fronteras de la Gran Bretaña y pidió desde el primer momento la liberación de presos de conciencia en diferentes países. En muy poco tiempo se sumaron al movimiento personas de otros lugares del mundo que empezaron casi inmediatamente a organizarse, de modo que en muy poco tiempo la organización adquirió dimensión internacional. En 1961, las primeras secciones que se fundaron fueron las de Reino Unido, República Federal de Alemania, Países Bajos, Francia, Italia y Suiza. Un año más tarde, se suman Noruega, Suecia, Dinamarca, Bélgica, Grecia, Australia, Irlanda y Estados Unidos.
Hoy podemos decir que Amnistía Internacional es global. Hay oficinas en lugares tan dispares como las Islas Feroe, Nepal, Ghana, Barbados, Hong Kong, Trinidad y Tobago, Guyana, Túnez, Bermudas, Sierra Leona, Islandia, Mauricio, Israel, Benín, Taiwán, Filipinas o Togo.
En el Secretariado Internacional –la oficina central de Londres-, 32 personas se dedican actualmente a trabajar sobre América, 41 sobre Asia y Oceanía, 32 sobre Oriente Medio y Norte de África, 41 sobre Europa y Asia Central, y 47 sobre África. Durante los últimos 50 años, Amnistía Internacional ha realizado 3.341 visitas a un gran número de países para investigar sobre el terreno abusos contra los derechos humanos.
Hay lugares en los que el movimiento está enormemente desarrollado. Amnistía Internacional Holanda –un país con 16,6 millones de habitantes- cuenta con 300.000 socios y socias. En Reino Unido –un país con 61,8 millones de habitantes y cuna de la organización- hay 225.000. En Australia hay 87.000 socios y socias en un país de 22,5 millones de habitantes. En España somos ya más de 63.000 miembros.
Las cifras son espectaculares, pero Amnistía Internacional tiene aún muchos retos por delante como “movimiento global”. Su presencia todavía es débil en muchos países del Sur, donde se concentran cientos de millones de personas que viven en la pobreza, y que tienen mucho que decir sobre los derechos humanos. Tampoco es fuerte en países emergentes, de una enorme importancia geopolítica, como Brasil, Suráfrica o India. Pero todo se andará. Al fin y al cabo, sólo tenemos 50 años.