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jueves, 22 de marzo de 2012

Matilde Landa - Victoria Kent: heroínas anónimas 15

Hoy vamos a empezar con una violinista en honor a Matilde Landa. Su nombre es Natalie MacMaster. 

Cárcel de Palma de Mallorca, otoño de 1942: la oveja descarriada.
Está todo listo. En formación militar, las presas aguardan. Llegan el obispo y el gobernador civil. Hoy Matilde Landa, roja y jefa de rojos, atea convicta y confesa, será convertida a la fe católica y recibirá el santo sacramento del bautismo. La arrepentida se incorporará al rebaño del Señor y Satanás perderá a una de las suyas.
Se hace tarde.
Matilde no aparece.
Está en la azotea, nadie la ve.
Desde allá arriba se arroja.
El cuerpo estalla, como una bomba, contra el patio de la prisión.
Nadie se mueve.
Se cumple la ceremonia prevista.
El obispo hace la señas de la Cruz, lee una página de los evangelios, exhorta a Matilde a renunciar al Mal, recita el Credo y toca su frente con agua consagrada.

Espejos, Eduardo Galeano



Victoria
Madrid, invierno de 1936: Victoria Kent es elegida diputada.
Su popularidad proviene de la reforma de las cárceles.
Cuando inició esa reforma, sus enemigos, numerosos, la acusaron de entregar a España, inerme, en manos de los delincuentes. Pero Victoria, que había trabajado en las prisiones y no conocía de oídas el dolor humano, siguió adelante con su programa:
cerró las prisiones inhabitables, que eran la mayoría;
inauguró los permisos de salida;
liberó a todos los presos mayores de setenta años;
creó campos de deportes y talleres de trabajo voluntario;
suprimió las celdas de castigo;
fundió todas las cadenas, grilletes y rejas
y convirtió todo ese hierro en una gran escultura de Concepción Arenal.

Espejos, Eduardo Galeano

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