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domingo, 5 de enero de 2014

Anorexia: Talla cero, la última frontera





El cuerpo se ha transformado en un campo de batalla
Los transtornos alimenticios se están dando en todo el mundo, incluso en áreas en las que ni siquiera se había oído hablar de ellas.
La anorexia tiene el mayor índice de mortalidad entre las enfermedades psiquiátricas: más del 20 por ciento de quienes lo sufren no sobrevive.
Leed el artículo publicado por periodismohumano el 5 de diciembre de 2011 pero que aún es de actualidad.

El cuerpo se ha transformado en un campo de batalla. Los desórdenes alimenticios y la obesidad son enfermedades cada vez más extendidas y complejas: la anorexia y la bulimia se están diseminando por todo el mundo, incluso en áreas en las que ni siquiera se había oído hablar de ellas. Más de un millón de personas en el Reino Unido tiene algún tipo de desorden alimenticio. En Estados Unidos, ese número es, como mínimo, ocho veces más alto. La anorexia tiene el mayor índice de mortalidad entre las enfermedades psiquiátricas: más del 20 por ciento de quienes lo sufren no sobrevive. Son estadísticas tremendas para una enfermedad que recibe poca atención.

En Occidente vivimos en una cultura del desorden alimenticio. En cierto sentido, todas las mujeres y muchos hombres vivimos con un cierto grado de ansiedad acerca del cuerpo y la comida. En algún momento u otro, todos sentimos que valemos lo que pesamos en la báscula del baño.

Sin embargo, como dijo la editora de la Vogue británica, nadie se vuelve anoréxico sólo por hojear las páginas de su revista… La anorexia no se trata de la talla que quieres tener. Los desórdenes alimenticios son enfermedades complejas, enraizadas en una angustia psicológica y emocional, donde la comida se usa como una forma de lidiar con un sinfín de problemas que parecen insalvables. Empieza como un esfuerzo vano para meter en cintura a una vida que parece no tener control; para conjurar la repugnancia por uno mismo consiguiendo la pérdida de peso. La anorexia provee una capa de invisibilidad donde el dolor, la desilusión, el miedo, el sentimiento de insuficiencia, el deseo, son suplantados por una obsesión con la comida y el peso. Pero, claro, nunca se es lo suficientemente delgado y la anorexia toma el control con una despiadada y adictiva voz que fuerza a sus víctimas siempre un poco más allá en el camino de la inanición.

Siempre he preferido involucrarme en proyectos a largo término en los que realmente pudiera entender mi trabajo, en lugar de entrar y salir de las situaciones como una paracaidista. Durante seis años, he vuelto una y otra vez a trabajar sobre los desórdenes alimenticios. Son temas sociales, psicológicos, médicos, políticos. Me interesan porque hablan de la relación que tenemos con nuestros cuerpos, nuestras identidades y el mundo que nos rodea.

En mi trabajo, trato de desentrañar las estadísticas para revelar lo que subyace en su interior: los rostros, las vidas afectadas, las voces que no se oyen. Mi mayor responsabilidad es para con las personas que fotografío, que me dieron su confianza, y mi mayor deseo es no decepcionarlas. La anorexia y la bulimia son enfermedades inmensamente secretas que destruyen vidas del otro lado de la puerta. Las mujeres y hombres que valientemente me dejaron fotografiarlos en la intimidad lo hicieron porque creen que ésta es una manera de ayudar a los demás a entender, y a los que sufren, a buscar ayuda.



“Una voz ronronea constantemente en mi cabeza: ‘Estoy demasiado gorda, demasiado grande, ocupando demasiado espacio’”. Natalie



“No aprendí la palabra anorexia hasta que cumplí 7 años y me llevaron a rastras a un psiquiatra, pero desde los 5 supe que mi mamá estaba disgustada y no comía, y sé que yo estaba disgustada y me sentía mejor cuando tampoco lo hacía.” Natalie



Privada de autoestima por circunstancias de la vida, recurrí a los números de la báscula como medida de mi valía” Natalie


“Uso mi cuerpo para expresar exteriormente lo que siento. Mi cuerpo es el lienzo, mi anorexia es el artista. La obra de arte, un esqueleto caminante que refleja el vacío infinito que siento dentro de mí.” Natalie




“Estuve conectada a una sonda nasal durante un año, pero estaba constantemente llorando y quejándome por lo gorda que estaba, así que a veces simplemente me la arrancaba.” Natalie


“La anorexia es una forma de externalizar mi dolor emocional. Es como cortarme el brazo con un bisturí.” Natalie



“Puedo entender, en mi mente racional y cognitiva, que si me tengo que comprar ropa de niña es porque estoy delgada, pero emocionalmente, todavía me miro en el espejo y veo una bola de grasa.” Natalie


Natalie después de la operación en que le sacaron los implantes de silicona por temor a que se desplazaran. Su cuerpo no desarrolló senos debido a la anorexia infantil.



La medicación de Natalie incluye calmantes, antidepresivos, somníferos, antibióticos, esteroides y digestivos.



“Estoy tratando de ocuparme de una persona que está muriendo, que me dice varias veces por día que quiere dejar de comer.” Heather, compañera de Natalie.






Cuando las cosas se ponen difíciles, me privo de la comida para recuperar esa falsa sensación de control. Así ha sido, una y otra vez, a lo largo de mi vida.” Natalie



“Mi vida está regida por las básculas, que me gritan para que me suba a ellas en cada oportunidad. El subidón de perder unos kilos no dura mucho. No es suficiente. Nunca lo es. ‘Todavía estás muy gorda’, silba la voz en mi cabeza.” Jo






“Solía cenar siempre a las 20.15. Tomaba lasagna Findus con ensalada mixta Waitrose, o no podía comer nada. Separaba las láminas de pasta del relleno y le quitaba el queso gratinado. Tenía que comer primero los pimientos verdes, luego los rojos, la lechuga, las cebollas, la calabaza y la zanahoria. Esta tarea era la más importante del día.” Rebecca



“La anorexia es un síntoma de infelicidad severa. Es control en un mundo en el que no lo tienes.” Rebecca, con su hijo.



Tengo una pasión poco sana por la vida. Hay tantas cosas que podría alcanzar si sólo me recuperara”. (Stephen murió pocos días después de su 30º cumpleaños)






“Me levanto en algún momento entre las 9 y las 2 de la tarde, y decido no comer ese día. Ocupo mi mente comprando, mirando cualquier cosa en la tele, leyendo o simplemente volviendo otra vez a la cama. Hasta que tengo tanto hambre que no puedo resistir más y me doy un atracón. Luego me siento fatal.” Janine


“Vomito después de un atracón y me preocupa hacerlo. No por el daño que me provoca, sino por si he podido expulsar toda la comida afuera.” Janine






“Lo único que veo es un montón de kilos de más donde todo lo que quisiera ver es puro hueso, nada más. Quiero estar llena de nada. Quiero desaparecer.” Jo



“La anorexia hizo que muriera interiormente por más de 30 años. Estaba demasiado enferma para tener algún sentimiento. No podía sentir el viento, la lluvia, el atardecer, u oír el mar. Ni siquiera podía sentir dolor”. Ellie.



“Mis primeros recuerdos de la anorexia se remontan a cuando tenía 9 años, cuando vi en el espejo de la clase de danza que era más gorda que todas las demás”. Ellie



“Cuando tenía 12, a mi madre le diagnosticaron cáncer de mama. Recuerdo que seguía una dieta y pesaba todos los alimento. Comía básicamente judías verdes de lata y bebía agua hervida. Mamá murió cuando cumplí 16 años.” Marie


“Hace un año me ingresaron en el hospital. Pesaba 25 kilos. Nadie se imaginó que podía hacerlo y esto le rompió el corazón a mi familia. Tuve una falla hepática y renal, disminuyó mi ritmo cardiaco, apenas podía respirar”. Mari



“Necesito mucho consuelo, soy muy insegura. Tengo momentos y días malos, en los que lucho contra la comida y las calorías, que están grabadas en mi cabeza y que nunca podré olvidar.” Marie



“Odio esta enfermedad pero todavía no puedo sacármela de encima. Es diabólica y destruye gente, relaciones y vidas. Lo tengo todo pero, al mismo tiempo, no tengo nada.”

Felicia Webb es una fotógrafa documentalista comprometida con proyectos humanitarios en varias temáticas. Es conocida por sus proyectos a largo plazo sobre anorexia y obesidad infantil. Ha trabajado en todo el mundo, incluyendo Afganistán, Azerbaiyán, India, Kenia, Argentina, Etiopía Kosovo, Honduras, México y Mozambique. Sus trabajos han sido publicados en Sunday Times Magazine, Telegraph Magazine, Independent Magazine, New York Times Magazine, Time, Newsweek y Le Monde 2, entre otros. Felicia también ha trabajado para diversas ONG, como Christian Aid, Save the Children, Oxfam y Sight Savers International. Entre los premios que ha recibido, se destacan: el World Press Award, el NPPA/Nikon Documentary Sabbatical Grant, el Visa D’Or Magazine, la beca de Hasselblad Foundation, el premio POY, y el Nikon Photo Essay.