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domingo, 22 de julio de 2012

Alfonsina Storni: una poetisa femenina y feminista


La gran poetisa argentina se suicido en el Mar del Plata el martes 25 de octubre de 1938. Tenía 48 años.
Antes de internarse en él, envió "Voy a dormir", un poema de despedida, al periódico "La Nación":

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme puestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Pónme una lámpara a la cabecera,
una constelación, la que te guste,
todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes,
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que te olvides. Gracias...
Ah, un encargo, si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido..."


Según Juan Carlos Regojo, el soneto, que mostramos a continuación, refleja su inquietud por liberarse de la jaula opresora en que le tocó vivir, a ella y a todas las mujeres.


          Bien pudiera ser
         

Bien pudiera ser que todo lo que en verso he sentido
no fuera más que aquello que nunca pudo ser,
no fuera más que algo vedado y reprimido
de familia en familia, de mujer en mujer.

Dicen que en los solares de mi gente, medido
estaba todo aquello que se debía hacer...
Dicen que silenciosas las mujeres han sido
de mi casa materna... Ah, bien pudiera ser...

A veces en mi madre apuntaron antojos
de liberarse, pero, se le subió a los ojos
una honda amargura, y en la sombra lloró.

Y todo esto mordiente, vencido, mutilado,
todo esto que se hallaba en su alma encerrado,
pienso que sin quererlo lo he libertado yo.





La canción que os adjuntamos no es ninguna maravilla, pero se deja escuchar.


     Zamba de amor y mar
       

Que no te llegue triste mi cantar,
porque le puse una sonrisa a mi guitarra,
para llenar de vida y de color
la soledad que va creciendo en tu mirada.
Mira que la luna esta partida en la mitad
y sin embargo alumbra igual.

Solo por el gusto de cantar,
así dejé que el viento inflara mi pañuelo.
Dueño de mi tiempo, y capitán,
me encaramé al palo mayor de tanto sueño.
Vine a caminarte con mi copla y continuar,
que es largo mi camino y va.

Puedo llorar y sonreír,
mi corazón se quedó aquí;
mar del amor, plata y dolor,
con ojos de agua me veras partir.

Me fui por esa costa a caminar,
y dibujé mi rostro todo piel de arena,
para quedarme un poco y perdurar,
y vino el agua y la mezclo con tanta piedra;
lento como siempre con mi verso quedará
la huella de mi corazón.

El nombre de Alfonsina me llegó                           
para mostrarme el corazón de Mar del Plata,
aquella que en la muerte enalteció
todo el amor con que la nombra mi guitarra;
crece en el recuerdo y no lo puedo remediar,
un tiempo que me hará volver.

Puedo llorar y sonreír,
mi corazón se quedó aquí;
mar del amor, plata y dolor,
con ojos de agua me veras partir.
Mar del amor, plata y dolor,
con ojos de agua me veras partir.



Letra y música: Tito Segura (1974) 
Intérpretes: Los Guaraníes
Álbum: Tiempos (2004)

Esta Zamba dedicada al Mar del Plata, curiosamente la escribió un tucumano que cuando pasó por Mar del Plata se enamoró de él. Segura murió en 1990 a los 48 años de edad, como Alfonsina.
Mercedes Sosa, entre otros muchos, había interpretado en 1969 la celebérrima "Alfonsina y el mar", un poema de Félix Luna con música de Ariel Ramírez. También la canta, para mí la destroza, la sobrevalorada Pasión Vega (¿cómo puede cometer tal sacrilegio y que no se la caiga la cara de vergüenza? Al menos la tenían que desterrar.)


Para ver:

http://www.youtube.com/watch?v=HnAwONIJMpU

Mercedes Sosa: Alfonsina y el mar:  http://www.youtube.com/watch?v=GN9z585ziww

Alfonsina Storni:  http://www.youtube.com/watch?v=1IR53U3fThU&feature=related

Su gran amigo, el poeta uruguayo Horacio Quiroga, se había suicidado, tras una penosa enfernedad, un año antes que Alfonsina, en 1937 y con cianuro.
Alfonsina le escribió estas palabras, con las que claramente marca y presagia su trágico destino:

Morir como tú, Horacio, en tus cabales,
y así como en tus cuentos, no está mal;
un rayo a tiempo y se acabó la feria...
Más pudre el miedo, Horacio, que la muerte
que a las espaldas va.